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Como sabemos, los vergonzosos corporales son la escoria de la tierra y merecen pudrirse en el Hades por la eternidad (o desaprender su odio a sí mismos proyectado, lo que ocurra primero). Pero para Kesha, también son una fuente de motivación e incluso una especie de orgullo.
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La cantante, que volvió a hacer música como artista independiente luego de una larga batalla para rescindir su contrato discográfico con su presunto abusador, recurrió a Instagram para ignorar la negatividad.