Prevención de enfermedades crónicas. La actividad física ayuda a controlar enfermedades permanentes como la diabetes, la osteoporosis y la obesidad. El ejercicio mejora el metabolismo, ayuda a reducir los niveles de azúcar en la sangre, fortalece los huesos y los músculos.
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Mejora el estado de ánimo. Los deportes promueven la producción de endorfinas que mejoran el estado de ánimo y reducen los niveles de estrés. La actividad física ayuda a combatir la depresión y la apatía, que a menudo se encuentran en la vejez.
Apoyo a las funciones cognitivas. El ejercicio regular tiene un efecto positivo en la actividad cerebral. Mejoran la memoria, la atención y la velocidad de reacción, y reducen el riesgo de demencia y Alzheimer.
Mejora de la movilidad y flexibilidad. Las actividades deportivas mantienen los músculos tonificados, mejoran la coordinación de los movimientos y la flexibilidad de las articulaciones. Esto reduce el riesgo de caídas y lesiones que sufren las personas en la vejez.